VESTIDO DE GASA

Ahora que debería acercarse la temporada de bodas y comuniones, me gustaría mostraros un vestido que cumple el código de formalidad exigido por este tipo de eventos.

En realidad se trata de un dos en uno: un vestido interior confeccionado en crepé y uno exterior en gasa.

La idea partió de este segundo tejido, pues yo quería conseguir un vestido que visualmente diera la impresión de vaporoso. Así que, partiendo como siempre de los patrones base, industrialicé el delantero y el trasero y modifiqué la manga: patrón normal hasta la bajada de codo, y a partir de ahí una manga de capa. Este patrón es el mismo que el de las faldas de capa, con el único cambio del diámetro del contorno de la cintura por el de la manga.

El cuello lo rematé con un vivo del mismo género, y dejé una pequeña abertura en la costura central de la espalda para añadir un corchete a modo de cierre.

Tanto el bajo de las mangas como del cuerpo está rematado con un repulgo —el cordoncillo que hace la remalladora— que es perfecto para rematar este tipo de tejidos.

El vestido interior surge de la necesidad de añadir un “forro” a la gasa translúcida. Para él opté por un crepé con elastán, para que así tuviera esa capacidad de adaptación sin necesitar el uso de cremalleras o cierres. De la misma manera, tampoco lleva ninguna pinza, pues esa elastina del tejido hace que podamos  prescindir de ellas.

Como veis, a veces no necesitamos lucir diseños ostentosos y recargados para estos eventos, sino podemos optar por diseños como este, que resulten vistosos, y que, además, podamos utilizar para otras ocasiones menos formales.

Por ejemplo, yo utilicé este mismo diseño para una cena con amigas, ocasión en la que lo combiné con un cinturón negro con una hebilla roquera y una cazadora. Os aseguro que el look cambiaba completamente.

¿Os gusta la idea?

Y mucho ánimo, que enseguida empezamos la desescalada.

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TRANSFORMACIÓN A VESTIDO

Este jueves os muestro, por primera vez, la transformación de una prenda a otra.

Tenía esta falda desde hacía algunos años en mi armario y sabía que no la iba a volver a poner, por lo que me apeteció transformarla en una prenda totalmente distinta para darle una segunda vida. ¿Quién diría que este vestido bodycon hubiera salido de ella?

Lo primero que hice fue plantear el nuevo diseño: un vestido ceñido, con una abertura lateral y tirantes finitos. Empecé cortando la goma de la falda y deshaciendo las costuras para obtener dos rectángulos completos. Este era todo el tejido que tenía para trabajar.

Decidí por eso que el vestido tuviera bastantes cortes, lo que es un truquito para cuando la tela escasea, porque esto obliga a cortar piezas más pequeñas y, en consecuencia, a jugar con la colocación de los patrones sobre ella.

Así es que modifiqué la pinza de pecho para obtener un costadillo, e hice lo mismo en la espalda. En la parte de la falda también jugué con las pinzas y las llevé a un corte, y ahí aproveché para hacer la abertura lateral.

Como se aprecia en las fotos, los tirantes van cruzados en la parte de la espalda. Y el vestido cierra con una cremallera lateral invisible.

Tengo que confesar que este vestido solo lo hice para probar a hacer la transformación y que, en realidad, no lo utilizo nunca. No obstante, era algo que me apetecía intentar y comprobar el resultado. Además, en tónica con el consumo sostenible, siempre es buena idea tratar de darle un nuevo aire a esas prendas que, por la razón que sea, se han quedado viejas, obsoletas u olvidadas en el armario para posibilitarles un segundo uso.

Como cada jueves, me gustaría mandaros todo el ánimo y fuerza para continuar en este confinamiento. Ya queda menos.

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VESTIDO DE FLORES

Hace unas semanas que comenzamos la primavera, así que hoy os muestro un diseño inspirado en ella. En este vestido se juntan dos de mis elementos, si no favoritos, más recurrentes: las flores y el volantito en el bajo.

Después de haber confeccionado el vestido de cuadros tartán decidí hacer una versión más primaveral. Y, ¿qué hay más representativo de esta estación que las flores? Así que, de entre todos los tejidos con dicho estampado, escogí este satén que, si bien es un reto porque se resbala mientras lo trabajas, el resultado es de lo más vistoso.

En cuanto al patrón, partí del base con cadera, al que trasladé al cuello la profundidad de la pinza de pecho, donde se crean esos pequeños pliegues. Como en el vestido tartán, acorté el largo de hombro para conseguir un escote halter, y le añadí una tira, esta vez de dos centímetros, para anudar en la espalda.

Una vez decidido el largo, bajé en recto desde la sisa hasta ese punto en la cadera, por eso el vestido queda flojo en vez de ceñido a la figura.

Finalmente, me puse con el volante. En esta ocasión lo corté doble, de manera que no se viera ningún pespunte en el bajo. Y, para darle ese toque especial, introduje entre él y el cuerpo del vestido un bies de raso en rojo.

También utilicé un forro de punto en un tono crudo para rematar por dentro el cuerpo del vestido. De este modo queda más “limpio”.

Además, de él se puede decir que es el vestido de la suerte, porque la noche de San Juan en la que lo estrené, hace ya tres años, nos tocó a mis amigos y a mí un bingo especial, por lo que todos marchamos con un regalo de la tómbola del parque. Yo elegí una tostadora.

Por último, comentar que, al igual que en el post anterior, las fotos están hechas con anterioridad al estado de alarma y que, aunque llevo más de un año y medio viviendo en Sevilla, por unas razones o por otras, todavía no he vivido el ambiente de la Semana Santa. Ánimo en este Jueves Santo tan atípico.

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VESTIDO ROMÁNTICO

Como podéis apreciar cada jueves, yo tiendo a confeccionar faldas y vestidos más bien cortitos. Esto es porque en verano me gusta llevar las piernas descubiertas el mayor tiempo posible, y porque en invierno puedo utilizar medias, prenda que me encanta.

No obstante, y aunque pueda parecer lo contrario, soy una enamorada de los vestidos largos. Así que hoy os muestro uno para darle la bienvenida a este abril tan extraño.

Como de costumbre, cuando compré el tejido no tenía ninguna idea concreta para él. Eran cuatro metros de una fabulosa gasa con estampado de porcelana, que convertí en un romántico vestido largo.

También como siempre, partí de los patrones base para trasladar la profundidad de la pinza del pecho al talle y lograr ese efecto ablusado al añadir la goma. También modifiqué el largo del hombro para conseguir un cuello halter.

Luego hice una costura central en el delantero para simular un discreto escote lágrima, y lo mismo en la espalda, esta vez para cerrarlo con el lazo que lleva al cuello.

Y como la gasa es una tela translúcida, utilicé un tejido de punto en blanco para rematarlo, a excepción del lazo que va por todo el cuello, que aporta transparencia y luz al tejido.

Si bien no es necesario, me gustaría aclarar que las fotos están hechas antes del estado de alarma y también confiar en que pronto podremos dar largos paseos por la playa. Mucho ánimo con lo que nos queda.

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UNA NOVIA DE BROMA

Estos días están siendo muy raros para todo el mundo. Por eso, este jueves quería compartir con vosotros un diseño también raro, con el que tratar de poner un poco de alegría a la cuarentena: ¡os muestro una novia falsa!

Si, como leéis: una novia falsa. Y es que, hace tres años, mis amigos y yo decidimos preparar una inocentada para el 28 de diciembre a todos nuestros amigos de Facebook, a los que sorprendimos con la boda inesperada de nuestra amiga Cristina. Por entonces muchos vivían fuera —Madrid, Londres, Massachusetts…—, así que la ocasión se presentaba asimismo como una reunión navideña diferente.

Un mes antes ya decidimos quién sería la novia (en nuestro grupo ella es la que se presta al cachondeo a la mínima); el novio —tenía que ser alguien desconocido— fue un compañero de spinning de su madre al que conocimos ese mismo día; el fotógrafo, Alfredo; la peluquera y maquilladora, Ángela; y a mí —cómo no—, me tocó confeccionar el vestido.

Combinación de colores del fajín y el ramo de Cristina

Dado que lo organizamos con muy poco margen, tuve que darme más prisa que nunca para diseñar y hacerme con los tejidos, para patronar y preparar este encargo tan peculiar. Os confieso que no podía parar de reír mientras buscaba telas y lo imaginaba todo.

Boceto del diseño

No podía arriesgarme demasiado con el diseño, porque ni el presupuesto era muy abundante ni tendría ocasión de hacerle una prueba. Ideé entonces un vestido sencillo: un cuerpo cruzado y sin mangas (no había ni tiempo ni tela para la manga larga), con la profundidad de la pinza trasladada al hombro, y una falda fruncida a la cintura.

Encontré esta tela con pequeñas flores bordadas que encajaba a la perfección con mi boceto. Y, para darle un toque de color, confeccioné un fajín para la cintura de raso rosa con un género que, pese a ser habitualmente empleado en disfraces, daba color al conjunto y combinaba con las flores fucsias del ramo, elaborado por otra amiga, que entonces trabajaba en una floristería.

Detalle de los tejidos elegidos para el diseño

Cristina daba el pego y todos, que nos pusimos guapos para la ocasión —yo llevé el vestido que os enseñé en el anterior post—, lo pasamos bomba.

Además, su familia también colaboró en la broma, porque su tío vino para hacer de padrino, en Bustiello nos dejaron las llaves de la iglesia para la ceremonia y  luego tuvimos convite de empanadas y tortilla en casa de la madre de Cristina. Todavía hoy nos morimos de la risa cuando recordamos ese día.

¿Qué os parece mi primer vestido de novia? ¿Os ha gustado? Al menos espero que os haya alegrado un poco la tarde de este jueves tan extraño. Pero recordad: cuando salgamos de esta ya será primavera.

Yo también me quedo en casa.

VESTIDO PARA COCKTAIL

Este jueves es para una espalda bonita, pues desde los outfits de invitada de Tamara y de Helena no os había vuelto a enseñar otra.

Se trata del primer vestido de Nochevieja que confeccioné, en punto de neopreno azul marino (me encanta este color y me siento favorecida con los tonos azules), al poco de empezar mis clases de patronaje y confección, por lo que el trabajo salió adelante con mucha ayuda y guía de mi profesora.

Como veis, no os engañaba cuando os dije que este año era la primera Nochevieja que llevaba brilli-brilli.

No obstante, hoy he decidido mostrároslo como opción de invitada a un cocktail en otoño, o incluso de entretiempo, al proponer una manera distinta de combinarlo.

Os cuento el aspecto técnico: lleva un cuerpo con las tradicionales pinzas de talle y de pecho, ya que todavía no había trabajado mucho con los traslados ni los entendía demasiado bien, y un escote barco que deriva en una espalda abierta, embellecida a su vez por dos solapas.

Unas vistas en el mismo género rematan los escotes, tanto delantero como trasero. Además, como lo estaba preparando para el 31 de diciembre, tenía claro que iba a llevar manga larga.

La falda está hecha con patrón de capa con costura central trasera para introducir el vestido mediante una cremallera invisible.

Por último, quise darle un toque de belleza con esta monería de puntilla, que añadí por todo el bajo y que, por curiosidad, mide 4 metros de diámetro.

Un diseño elegante y sencillo al que profeso un cariño especial porque me recuerda a mis comienzos en el mundo de la costura y a todo lo que aprendí trabajando en él.

¿A vosotros os gusta? ¿Lo pondríais en este tipo de evento o en una Nochevieja?

LITTLE BLACK DRESS

Hoy os hablo de un clásico de la moda que es, además, un imprescindible en todo armario: el little black dress.

El little black dress o LBD es un vestido de color negro sencillo que, en moda, se categoriza como un «fondo de armario».

Para saber su origen hay que remontarse a 1926, ya que en octubre de este año la gran Coco Chanel sorprendía en la portada de Vogue America con un boceto de un vestido negro de cintura baja, por debajo de la pantorrilla y con escote a la caja.  Más tarde se convertiría en uno de sus sellos.

Inmediatamente las chicas flapper lo tomaron como símbolo de modernidad y libertad con el dejar atrás el estilo encorsetado finisecular. Muchas lo combinaban con el sombrero cloche o campana, un clásico de la época que la misma Coco utilizaba.

A partir de este momento comenzarán a darse miles de versiones del LBD.

Algunos ejemplos emblemáticos son los que han quedado para la posteridad en la gran pantalla: desde el palabra de honor de satén que lució Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946) para quitarse sensualmente uno de sus guantes largos a ritmo de «Put the blame on Mame» hasta aquel Givenchy combinado con una gargantilla de perlas blancas ―guiño intertextual a una de las obsesiones de Coco Chanel― con el que Audrey Hepburn miraba el escaparte de Tiffany’s en el Nueva York de Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961). También en esta década encontramos a Brigitte Bardot, quien aportó su toque francés a una versión más sexy, que marcaba cintura con su corte lápiz y seducía con su prominente escote cuadrado.

Pero si hay alguien en la historia de este vestido que lo luciera con elegancia soberbia, esa es Diana Spencer, Lady Di, quien en 1994 eligió un diseño en seda negra para asistir a un evento de Vanity Fair en Londres. Si bien al principio había optado por un Valentino más sobrio, tras desvelar el príncipe Carlos su infidelidad por televisión tan solo unas horas antes del evento, decidió rescatar este vestido, que por ser demasiado arriesgado llevaba tiempo guardado en su armario, para con la sensualidad de su escote, que dejaba al aire los hombros, desafiar al protocolo y arremeter contra la Casa Real. Sus otras dos armas fueron los salones negros y la gargantilla de perlas con zafiro central. Y lo consiguió, pues al día siguiente fue ella, y no su marido, quien ocupó todas las portadas. Este LBD, de la no muy conocida Christina Stambolian, fue bautizado por los medios como modelo Venganza y se convirtió, como la misma Lady Di, en un icono de los 90.

Mi versión del little black dress no tiene aspiraciones tan ambiciosas como las de la princesa Diana. Bromas aparte, la idea de este fondo de armario surgió porque me apetecía trabajar con neopreno y poder aprovecharme de su condición elástica.

El vestido consta de dos partes: una falda de pliegues encontrados bastante anchitos, y un cuerpo con manga larga y escote bañera. Yo no tenía que desafiar a ningún protocolo, pero dada la sobriedad del color, los hombros descubiertos aportan claridad al diseño. 

Volviendo al neopreno, lo bueno de este tejido es que no deshilacha, así que no fue necesario hacer ningún tipo de pespunte en el bajo. No obstante, sí lo di en las mangas para evitar que, con el uso, el tejido pudiera ceder y el contorno de la bocamanga se estirara.

Le añadí una cremallera invisible en la espalda, y listo.

Aunque este diseño, como el de Lady Di, lleva algunos años en mi armario, tiene potencial para alguna ocasión concreta. Por ejemplo, la última vez que lo puse fue en San Juan 2019, fecha en la que en Asturias puedo utilizar manga larga sin problema.

Y, vosotras, ¿cuándo lo pondríais?

Nos vemos el próximo jueves.

VESTIDO MAXI

Hoy es el turno de un diseño sencillo, pero súper cómodo.

Se trata de un vestidito corto, estilo oversize, inspirado en esos maxi jerseys que sirven de vestido.

Llevaba tiempo viéndolos en páginas de street style de mil maneras distintas: en diferentes tejidos y escotes, con un ribete de un color distinto en las mangas…  Yo lo que buscaba era que el mío tuviera una apariencia más próxima a la de vestido que a la de jersey, lo que determinó la elección de la tela.

Escogí un género azulón tipo scuba, una especie de punto de neopreno que, sin embargo, no llega a dar tanto calor. Además tiene un cierto relieve estriado, lo que le da un toque de originalidad.

En cuanto al patrón, partí del base delantero y trasero, que industrialicé después para así crear la forma del vestido, y añadí finalmente los centímetros de costura. Aunque no suelo explicarlo en mis posts, este es un proceso que siempre se lleva a cabo, pues el patrón buscado ha de partir necesariamente de la modificación de un patrón base.

Le puse una manga algo caída por encima de la muñeca, una manga que a mí me gusta remangar un poquito para darle un toque aún si cabe más desenfadado.

Una vez llega el buen tiempo suelo llevarlo sin medias, con playeros veraniegos y con un collar llamativo. No obstante, en esta ocasión decidí encajarlo en un estilismo más elegante, gracias a estas medias de topos tan bonitas y femeninas y a estos pendientes que, en el mismo color, ganan protagonismo dentro del look.

¿Os gusta esta idea de vestido oversize cortito? Yo, que soy fan de las prendas sueltas, estoy encantada con él.

¡Nos vemos en una semana!

VESTIDO ROSA FUCSIA

Hoy, 30 de enero, estoy de celebración: ¡¡¡es mi cumpleaños!!!

Así que, para festejarlo, os traigo el vestido más alegre y colorido que he elaborado hasta la fecha. Y lo hago combinándolo de dos maneras distintas, para que veáis su versatilidad.

Por lo general, el rosa no es un color que me guste especialmente para vestir. Suelo inclinarme por ropa en tonos neutros y básicos, a la que añadir luego un toque de color con algún complemento o con el maquillaje.

Por el contrario, cuando se trata de tela, me pierden los colores intensos y los estampados florales. No resulta extraño, por tanto, que, al ver este fucsia tan vivo en la tienda, el “me la llevo” fuera inmediato.

Aunque el color ya era de por sí bastante llamativo, tenía claro que en esta ocasión el diseño no podía quedarse en algo sencillo, sino que la forma debía de corresponder con la viveza del rosa para logar algo, si cabe, aun más vistoso.

Sin embargo, buscaba al mismo tiempo un vestido ponible. Lo que se me ocurrió entonces fue versionar el de cuadros tartán que os enseñé hace un par de meses y al que con tanta frecuencia recurro.

Como podéis observar, el patrón es básicamente el mismo: pinza de pecho anulada y trasladada al talle, donde se abre para darle profundidad de vestido.

La originalidad radica en el toque preppy, que se logra con el fruncido en la copa de la manga. Si bien al principio esta iba ser cortita, decidí finalmente alargarla con la intención de poder llevarlo más allá del verano.

De esta estética preppy, participa también el bajo, donde lleva el clásico volante fruncido en forma de faldita, así como el largo, pues es bastante cortito.

¿Qué os parece el diseño de hoy? ¿Os gusta esta versión primaveral del vestido tartán? Entre los dos, ¿con cuál os quedaríais? ¡Yo creo que con este!

¡Os espero el próximo jueves!

BODYCON DRESS

¡Hoy estrenamos web!

Sí, sí, habéis leído bien: WEB. Todo este tiempo mi página estaba albergada en un portal de blogs que, sin embargo, quedaba algo básico y anticuado. Así que seguí los consejos de mi buen amigo y diseñador gráfico Alfredo Casasola para transferir mi dominio a hosting web, con la finalidad de darle un tono más profesional a mi trabajo y continuar creciendo en este mundo de la moda.

Por tanto, me complace daros la bienvenida a esta nueva etapa como no podía ser de otra manera, es decir, con un nuevo diseño.

Se trata de un bodycon dress, versión midi.

Este tipo de vestido se caracteriza por marcar la figura de la mujer, por lo que suele confeccionarse en un teijido con elastán (elástico) capaz de adaptarse a cada curva del cuerpo. Por lo general, suele ser cortito, con lo que se consigue un resultado bastante sexy. No obstante, al cambiar el largo, aposté por una versión distinta.

En post anteriores ya os había comentado que para fin de año siempre había elegido outfits “normales”. Este fue uno de ellos. Aunque en su momento, para darle un toque festivo, lo combiné con unos salón de terciopelo negro, chocker negro en el cuello y labios en un tono granate muy oscuro. En las fotos os enseño cómo lo llevaría hoy en día.

Además, al estar confeccionado en un tejido de punto elástico y gordito, no pasé una gota de frío ni en la Nochevieja que lo estrené ni el día en el que saqué las fotos. Y es que, en Asturias, estuvimos casi todas las Navidades a menos de 10 grados.

Por su lado, el patrón no tiene ninguna complejidad especial: la condición elástica del género permite anular la pinza del pecho, y también la de talle, que restaría su profundidad en el costado. La falda va en disminución hasta el bajo para hacerla lápiz, y el escote, rematado con un bies.

La silueta tan marcada y el escote —nunca suelo optar por escotar tanto el delantero; en 2020 tendría que animarme más a ello— lo convierten en uno de mis diseños más femeninos.

¿Qué os ha parecido este diseño? ¿Os gustan este tipo de vestidos que marcan figura o, por el contrario, sois más de algo flojito? Yo me siento más cómoda en lo segundo, pero de vez en cuando no está fuera de lugar resaltar las curvas.

Nos vemos el próximo jueves.

¡Espero que os guste mi nueva web!