LITTLE BLACK DRESS

Hoy os hablo de un clásico de la moda que es, además, un imprescindible en todo armario: el little black dress.

El little black dress o LBD es un vestido de color negro sencillo que, en moda, se categoriza como un «fondo de armario».

Para saber su origen hay que remontarse a 1926, ya que en octubre de este año la gran Coco Chanel sorprendía en la portada de Vogue America con un boceto de un vestido negro de cintura baja, por debajo de la pantorrilla y con escote a la caja.  Más tarde se convertiría en uno de sus sellos.

Inmediatamente las chicas flapper lo tomaron como símbolo de modernidad y libertad con el dejar atrás el estilo encorsetado finisecular. Muchas lo combinaban con el sombrero cloche o campana, un clásico de la época que la misma Coco utilizaba.

A partir de este momento comenzarán a darse miles de versiones del LBD.

Algunos ejemplos emblemáticos son los que han quedado para la posteridad en la gran pantalla: desde el palabra de honor de satén que lució Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946) para quitarse sensualmente uno de sus guantes largos a ritmo de «Put the blame on Mame» hasta aquel Givenchy combinado con una gargantilla de perlas blancas ―guiño intertextual a una de las obsesiones de Coco Chanel― con el que Audrey Hepburn miraba el escaparte de Tiffany’s en el Nueva York de Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961). También en esta década encontramos a Brigitte Bardot, quien aportó su toque francés a una versión más sexy, que marcaba cintura con su corte lápiz y seducía con su prominente escote cuadrado.

Pero si hay alguien en la historia de este vestido que lo luciera con elegancia soberbia, esa es Diana Spencer, Lady Di, quien en 1994 eligió un diseño en seda negra para asistir a un evento de Vanity Fair en Londres. Si bien al principio había optado por un Valentino más sobrio, tras desvelar el príncipe Carlos su infidelidad por televisión tan solo unas horas antes del evento, decidió rescatar este vestido, que por ser demasiado arriesgado llevaba tiempo guardado en su armario, para con la sensualidad de su escote, que dejaba al aire los hombros, desafiar al protocolo y arremeter contra la Casa Real. Sus otras dos armas fueron los salones negros y la gargantilla de perlas con zafiro central. Y lo consiguió, pues al día siguiente fue ella, y no su marido, quien ocupó todas las portadas. Este LBD, de la no muy conocida Christina Stambolian, fue bautizado por los medios como modelo Venganza y se convirtió, como la misma Lady Di, en un icono de los 90.

Mi versión del little black dress no tiene aspiraciones tan ambiciosas como las de la princesa Diana. Bromas aparte, la idea de este fondo de armario surgió porque me apetecía trabajar con neopreno y poder aprovecharme de su condición elástica.

El vestido consta de dos partes: una falda de pliegues encontrados bastante anchitos, y un cuerpo con manga larga y escote bañera. Yo no tenía que desafiar a ningún protocolo, pero dada la sobriedad del color, los hombros descubiertos aportan claridad al diseño. 

Volviendo al neopreno, lo bueno de este tejido es que no deshilacha, así que no fue necesario hacer ningún tipo de pespunte en el bajo. No obstante, sí lo di en las mangas para evitar que, con el uso, el tejido pudiera ceder y el contorno de la bocamanga se estirara.

Le añadí una cremallera invisible en la espalda, y listo.

Aunque este diseño, como el de Lady Di, lleva algunos años en mi armario, tiene potencial para alguna ocasión concreta. Por ejemplo, la última vez que lo puse fue en San Juan 2019, fecha en la que en Asturias puedo utilizar manga larga sin problema.

Y, vosotras, ¿cuándo lo pondríais?

Nos vemos el próximo jueves.

VESTIDO ROSA FUCSIA

Hoy, 30 de enero, estoy de celebración: ¡¡¡es mi cumpleaños!!!

Así que, para festejarlo, os traigo el vestido más alegre y colorido que he elaborado hasta la fecha. Y lo hago combinándolo de dos maneras distintas, para que veáis su versatilidad.

Por lo general, el rosa no es un color que me guste especialmente para vestir. Suelo inclinarme por ropa en tonos neutros y básicos, a la que añadir luego un toque de color con algún complemento o con el maquillaje.

Por el contrario, cuando se trata de tela, me pierden los colores intensos y los estampados florales. No resulta extraño, por tanto, que, al ver este fucsia tan vivo en la tienda, el “me la llevo” fuera inmediato.

Aunque el color ya era de por sí bastante llamativo, tenía claro que en esta ocasión el diseño no podía quedarse en algo sencillo, sino que la forma debía de corresponder con la viveza del rosa para logar algo, si cabe, aun más vistoso.

Sin embargo, buscaba al mismo tiempo un vestido ponible. Lo que se me ocurrió entonces fue versionar el de cuadros tartán que os enseñé hace un par de meses y al que con tanta frecuencia recurro.

Como podéis observar, el patrón es básicamente el mismo: pinza de pecho anulada y trasladada al talle, donde se abre para darle profundidad de vestido.

La originalidad radica en el toque preppy, que se logra con el fruncido en la copa de la manga. Si bien al principio esta iba ser cortita, decidí finalmente alargarla con la intención de poder llevarlo más allá del verano.

De esta estética preppy, participa también el bajo, donde lleva el clásico volante fruncido en forma de faldita, así como el largo, pues es bastante cortito.

¿Qué os parece el diseño de hoy? ¿Os gusta esta versión primaveral del vestido tartán? Entre los dos, ¿con cuál os quedaríais? ¡Yo creo que con este!

¡Os espero el próximo jueves!