CONJUNTO ESTILO PIJAMA

Hace justo dos meses os mostraba este kimono presentado en forma de blusa cruzada. Hoy os muestro el conjunto en su totalidad: un dos piezas pijamero. Hoy me centro en el pantalón.

Como os contaba en el post del kimono, no me digáis que esta tela no pide algo lencero…

El pantalón parte de su patrón base, y en esta ocasión cambio de estilo. Siempre tiendo a confeccionarlos versión palazzo porque es un diseño que me encanta desde que soy muy jovencita, e incluso todavía no los había en las tiendas en mi ciudad.

Recuerdo verlos en blogs de chicas extranjeras y fantasear con ellos, hasta que con 17 años encontré un modelo marrón en Stradivarius. No sabéis lo contenta que estaba con él, ¡me lo puse hasta la saciedad! Ahora puedo presumir de poder hacérmelos yo misma, y en cualquiera de sus versiones, como en este caso.

Este diseño lencero va hasta el tobillo, y aunque también le haya incluido bolsillos, en esta ocasión no hice lo mismo con las trabillas para cinturón, lleva la cinturilla limpia.

Creo que el resultado es un conjunto muy resultón y elegante. Me podría ver, perfectamente, llevándolo a cualquier tipo de celebración. Solo me queda esperar a recibir la invitación.

BLUSA – KIMONO

¡Ya es primavera! Las prendas de colores claritos y alegres empiezan a invadir los escaparates, tanto físicos como virtuales, y a mí me va apeteciendo vestir un poquito más acorde con esta estación.

Yo tenía este satén de rayas reservado para un look lencero y, como tengo bastantes metros, me apeteció emplearlo en una blusa-kimono que pueda usar indistintamente como una u otro ahora que llega el buen tiempo.

Para cortarla utilicé el patrón de kimono, el mismo que empleé para la colección cápsula del verano.

En esta ocasión coloqué las rayas de forma vertical, no porque estilicen más (que también), sino porque me encajaban mejor para ambas prendas. Hice lo mismo que con un kimono ordinario: le añadí una tira de 5 cm el cuello y los puños, y lo confeccioné con costura francesa.

Y como en esta ocasión voy a utilizarlo también de blusa, le puse dos trabillas y confeccioné un cinturón para cerrarlo con el clásico nudo a la cintura, que ya os mostraré más adelante.

Como veis, una prenda versátil y ponible. Vosotras, ¿la pondríais como blusa o como kimono?

KIMONO LENCERO

¿A quién le apetece otra ronda de kimonos? Tengo algo muy especial preparado para el jueves que viene relacionado con esta prenda, así que hoy, como avance, os muestro otra de sus múltiples versiones: un batín lencero.

Helena me encargó un kimono para estar en casa. Tenía decidido que lo quería en un tono lavanda, así que elegimos este raso tan dulce.

Ella tampoco quería que llevase muchos detalles, por lo que opté por, simplemente, añadirle unas trabillas para poder cerrarlo con un cinturón

En cuanto a los remates, tanto las mangas como el bajo y el cuello llevan un pespunte de doble orillo, y su interior está totalmente confeccionado con costura francesa.

Como veis, el kimono es una prenda súper versátil, capaz de darle sensualidad y elegancia al mero hecho de estar en casa.

Nos vemos en una semana con más kimonos.  ¡Hasta entonces!

INVITADA II

Aunque justo acabemos de recibir al otoño y a sus preciosos colores, hoy os traigo una invitada de verano: Helena.

Helena tenía una boda el 31 de agosto en Cádiz. Sin embargo, por motivos de trabajo, no sabría si podría confirmar su asistencia hasta días próximos al enlace. Propuso entonces hacer un dos piezas, de modo que le fuera posible combinar cada una por separado y de forma mas informal en caso de no poder acudir.

Además, ella tenía tres requisitos claros: estilo lencero, espalda escotada y falda con abertura lateral.

Escogí un tejido satén para ser fiel al primer requisito. Al principio, Helena tenía en mente un nude, pero cuando vimos este azul con pequeños toques verdes, ambas nos enamoramos. Y al ser ella “blanquita” de piel, este color le iba a dar más luz que la primera opción.

Su idea para la espalda era un nudo cuyos extremos cayeran sobre la falda. Por lo llamativo de este escote escogimos uno barco para el delantero.
El cuerpo iba forrado en bolsa, lo que significa que no se ve ninguna costura si se le da vuelta.

Forrar en bolsa no es nada sencillo, conlleva un proceso que necesita tiempo, paciencia y dedicación. No obstante, el resultado merece la pena. Además, para este diseño era imprescindible, ya que de esta forma se evita mostrar el revés de la tela en los lazos al hacer el nudo.

Por otro lado, de la necesidad de romper el monocromo nació la idea de la cartera. Si bien ella solamente me había encargado la ropa, yo me ofrecí a hacérsela, siempre que aceptara el factor sorpresa: no la vería hasta que viniera a recoger su encargo. Ella me reiteró que confiaba totalmente en mí. Yo, por mi parte, lo tenía claro: quería un tul bordado con flores.

Como ella llevaba los complementos en dorado, le añadí una cadenita en ese color, que puede quitar y poner a su antojo.

La tercera de las ideas era la abertura en la falda. Boda de tarde, agosto y Cádiz conformaban el escenario perfecto para ellos. Así que dicho y hecho: una abertura considerable con la que enseñar pierna, pero sin pasarse. Ante todo quería que Helena se sintiese cómoda y elegante, y, por sus palabras, creo que lo conseguí.

Y así termina la historia que hay detrás de mi segunda invitada de boda. Como esta vez no contaba con el apoyo de mis clases de costura, el trabajo recaería íntegramente en mí y, si surgía cualquier imprevisto o dificultad, tendría que resolverlo yo sola. Por eso me lo tomé como una oportunidad de demostrarme que puedo sacar un trabajo adelante por mí misma. Y, a pesar de que probablemente haya tenido mis fallos, logré con éxito mi propósito.

El orgullo de ver a Helena vestida totalmente por mí, y las palabras bonitas que recibió de la gente y que me transmitió, hacen que solamente quiera dedicarme a esta profesión y trabajar duro para mejorar en ella cada día. Profesión que requiere horas y horas, pero que un simple “es justo lo que quería” o un “me encanta, es precioso” hacen que invertirlas merezca más que la pena.

¡Gracias, Helena!