Dejamos el verano atrás y comenzamos septiembre con un nuevo diseño, Justo ayer hace un año, Irene se daba el «sí, quiero» con Alejandro, y yo tuve la oportunidad de confeccionar su vestido de novia. ¿Queréis saber un poquito?



Me remonto a unos años atrás. A veces suelo preguntaros cositas en los stories de mi Instagram porque ese feedback me ayuda bastante. En uno de ellos os pregunté si os gustaría que hiciera un nuevo Ciclo de Moda -hice un Especial Nochevieja y otro Especial Invitada-, o si en su defecto queríais ver algo en particular. Fue cuando Irene contestó proponiéndome que diera ideas de novia. Ella se casaba en unos años y ya estaba manos a la obra buscando su vestido ideal. Y así comenzó todo.




Ella buscaba ser una novia sencilla y quería que la espalda del vestido fuera protagonista , dejando el delantero más limpio. Le gustaba el corte en la cintura, talle alto y abertura en un lado.


Para la espalda buscábamos una tela particular que dejara ver la piel debajo de ella porque iría toda en este tejido. Necesitamos ver varios hasta decidirnos: telas con hojitas en 3D, encajes, «brilli-brilli»… El elegido fue un tul bordado con piedritas que dibujaba un mapa irregular.


La parte del pecho iba cruzada y aunque, como os contaba, la idea era que el delantero fuera entero de crepe liso, planteamos una de las dos partes con el otro tejido superpuesto para salir de dudas. Y nos gustó tanto que decidimos utilizar el tejido de piedritas tanto para la espalda como para el delantero entero. Iría con crepe blanco debajo y lo dejaríamos desnudo en la espalda, donde también añadimos dos cordoncitos para ayudar a la sujeción del peso de la falda.


Bajamos todo el tejido de piedras por la costura de la cintura y así acentuamos la estructura de pico de la espalda. También lo colocamos por todo el contorno de la cola, que Irene decidió que no fuese muy larga, y creo que este toque terminó de cerrar este diseño tan precioso. Yo le propuse añadir algo más de piedritas en zonas estratégicas, como veis en las fotos del maniquí, pero al final desechamos la idea.




Escuchar a Irene contarme lo preciosa que se ve en las fotos no hace más que llenarme de alegría. Y de verdad lo estaba. Ella es una novia que ha confiado al 100% en pequeños profesionales, todos de Asturias. Y eso es una apuesta arriesgada, pero ella tenía claro que para su boda quería que estos detalles cayeran en manos de artesanos.

Durante el proceso del vestido pude ver en ella la ilusión de cómo iban trabajando en el detalle del tocado que llevaba en el pelo, que iba a conjunto con el color de sus sandalias. Las largas charlas mientras su mami nos servía el café sobre encontrar una maquilladora que diera en el clavo con el maquillaje natural que buscaba y su temor a que todo junto no le convenciera. Nosotras la visualizábamos perfecta, pero está claro que una misma siempre va a tener mil dudas.

Pudimos volver a reunirnos pasado un año y hablar un ratito -más bien unas cuantas horas- sobre todos los detalles de su día especial. Y precisamente hablamos sobre que ese miedo a no ver el conjunto había desaparecido totalmente. Y es que, si en fotos se ve así de linda, en persona debía ser la novia más bonita.
Una vez más, gracias, Irene, por todo este proceso y camino juntas. Has sido mi primera novia en blanco, me has abierto las puertas de vuestra casa y hemos pasado ratitos de lo más agradables durante esos meses. Y es algo que se queda en mi corazón. ¡Gracias!


































